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Sabes perfectamente lo que es, pero, ¿conoces el origen del turrón? Si no es así, no te preocupes, enseguida le ponemos remedio a eso.

Entre los turrones más conocidos, indudablemente está el de Jijona, cuyo ingrediente básico es la almendra tostada, aunque la lleva en menor proporción que otro que goza de una enorme popularidad: el de Alicante (el duro).

La lista de componentes principales de la receta original del turrón de Jijona (conocido también popularmente como “turrón blando”) se completa con miel y clara de huevo. Después, todo esto se muele en unos molinos especiales hasta que resulta una masa uniforme.

Cuando está a temperatura ambiente es habitual que el turrón blando, hecho muchas veces de forma artesanal, libere una especie de aceite que sale de sus almendras. El resultado es un producto muy jugoso que prácticamente se deshace en la boca cuando se come. Este es sin duda uno de los infaltables en cualquier surtido de turrones que se precie.

Origen e historia del turrón

Son muchos los historiadores los que sitúan el origen turrón en la Grecia Clásica, en la que había un alimento que, si bien todavía no era denominado como “turrón”, tenía ya sus características. Este dulce, elaborado inicialmente con miel, almendras y otros frutos secos, se le daba a los atletas antes de que participaran en los juegos olímpicos. La verdad es que, aunque todavía no se llamara así y todavía tuviese que evolucionar bastante, podemos decir que este fue el inicio de la historia del turrón.

En cuanto a la forma de llamarlo, muchos dicen que fue en la Arabia del siglo XI cuando empezó a hablarse del “turun”. Después, los árabes fueron los encargados de llevarlo a otros lugares entre los que destacan Italia y España. Por ejemplo, la tradición del turrón existe en Castuera (Badajoz) desde esa época. Tanto es así, que actualmente hay un museo del turrón en este municipio, en el que se ha convertido en toda una institución.

Como pasa casi siempre en este tipo de cosas, hay varias versiones, y hay otras fuentes que afirman que fue un confitero barcelonés apellidado Turró quien creó una de las primeras versiones del turrón al mezclar obleas fusionadas con miel y almendras, en busca de un alimento poco perecedero que pudiese servir de recurso en épocas de escasez.

Lo cierto es que hay datos que revelan que, hacia el siglo XVI, el turrón ya era muy conocido en España. Lo cuenta Francisco Martínez Montiño, cocinero y escritor del Siglo de Oro, en una de sus obras, en las que afirma que este dulce, tan querido en nuestros tiempos, ya se servía en Navidad en las cenas del rey Felipe II. Se cree que fue entorno a estas fechas cuando en la villa de Seixona, lo que actualmente es Jijona, surgió la variedad de turrón blando tan famoso en nuestros días.

Aunque no hay muchos datos al respecto, hay leyendas que hablan de un Rey que mandó sembrar de almendros los alrededores del castillo para que su esposa, de origen escandinavo, recordase los paisajes nevados de su tierra al ver la blancura de los árboles en flor. De esa forma, la gran producción de almendras fue aprovechada para crear nuevas recetas de turrón entre las que surgieron las primeras variedades de uno de nuestros turrones favoritos. Verdad o no, lo cierto es que es una bella historia que merece la pena transmitir.

Evolución del turrón hasta nuestros días

Sea como sea, lo que sí es evidente es que esos primeros turrones son muy distintos a lo que tenemos hoy en día. Al igual que pasa con tantas cosas, y a pesar de que la forma de elaborarlos no ha cambiado mucho, el turrón también ha ido evolucionando con el paso de los siglos hasta esos turrones de Navidad (y, por qué no, de cualquier época del año) que conocemos hoy en día.

En cuanto al hecho de que sea un producto típicamente navideño, se dice que, al estar hecho con ingredientes poco asequibles antaño, como la miel y las almendras, su consumo se reservaba solamente para ocasiones muy especiales. Como ya hemos explicado, hay fuentes que desvelan que los cocineros de Felipe II servían turrón en la mesa navideña del monarca, costumbre que posiblemente fue imitada por sus súbditos en épocas de bonanza.

Aunque esa forma única de hacer los turrones artesanalmente pasó a ceder terreno a lo industrial en los sucesivos años, lo cierto es que el proceso actual es muy similar al primigenio (aunque fueron agregándose otros ingredientes como el azúcar). Los turrones de la primera época, como el de Jijona, el duro, el de Alicante, el de guirlache o el imperial, fueron dando paso a otros sabores como chocolate, nata y fresa, coco o nata con nueces, que llegaron para aumentar las posibilidades de elección del consumidor.

Además de nuevos sabores, otra cosa que se ha ido buscando con el paso del tiempo es hacer un turrón que sea más natural y resulte más saludable. Para eso están los turrones a la piedra, sin conservantes ni colorantes, los ecológicos, hechos con ingredientes naturales, o los turrones veganos, que tampoco llevan conservantes ni aditivos y cuyos ingredientes nunca tienen origen animal.

 

La verdad es que los tiempos en los que el turrón solo era cosa de la época de Navidad pasaron y es común consumirlo en cualquier época del año. Lo que empezó hace siglos como un alimento singular y novedoso se ha convertido en toda una institución, evolucionado con el tiempo y adaptándose a todo tipo de gustos y necesidades.